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jueves 25 de abril de 2024
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Etiquetado Frontal de los Alimentos, entre la teoría y la góndola.

 

En esta nota, tres especialistas en diferentes campos relacionados a la alimentación, pertenecientes a la plataforma Comer Mejor, nos cuentan las claves del etiquetado frontal.

En 2021 se sancionó la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, o Ley de Etiquetado Frontal, para advertir a los consumidores sobre los excesos de calorías, grasas, sodio y azúcares; además de la presencia de edulcorantes y cafeína en determinados productos. Con el objetivo de ayudar a combatir las enfermedades no transmisibles asociadas que más afectan a la población: sobrepeso u obesidad, diabetes, hipertensión arterial, enfermedades vasculares, cardíacas, cerebrales y renales.

Y si bien todos sabemos que el valor nutricional de los alimentos es un aspecto fundamental para mantener una alimentación equilibrada y promover una buena salud, el nuevo etiquetado puede generar confusión debido a la gran cantidad de información disponible y, a veces, en apariencia contradictoria.

Por este motivo, la plataforma Comer Mejor, un equipo de profesionales de diferentes especialidades pertenecientes a la UCA, CEPEA y la Red Argentina de Banco de Alimentos, que se unieron para crear un programa de educación alimentario-nutricional, ayudando a toda la población a mejorar su alimentación y calidad de vida, realizó su primer streaming del año, bajo el título «Etiquetado Frontal de los Alimentos, entre la teoría y la góndola«. Se buscó dar respuestas a consultas y dudas recurrentes tanto de consumidores finales como también de profesionales, que fueron monitoreando, en relación a cuestiones técnicas de la regulación, y atendiendo a la necesidad de continuar educando sobre alimentación y nutrición.

Los alimentos proporcionan los nutrientes esenciales que nuestro cuerpo necesita para funcionar correctamente. Las proteínas, los carbohidratos, las grasas, las vitaminas y los minerales, todos ellos cumplen roles específicos en nuestro organismo, desde el suministro de energía hasta el mantenimiento de la salud de nuestros huesos, músculos y órganos vitales. Comprender el valor nutricional de los alimentos permite tomar decisiones informadas sobre nuestra dieta, asegurando que estemos obteniendo los nutrientes necesarios para una vida saludable y activa.

Sin embargo, como el etiquetado puede generar dudas, Sergio Britos, profesor y licenciado en nutrición, habla de tres cuestiones importantes: ¿Los octógonos son todo lo que uno puede decir acerca de los alimentos? ¿Es cierto que los alimentos que tienen octógonos negros definitivamente son no nutritivos? ¿Qué es lo que podemos esperar en relación a los efectos del etiquetado frontal de acá a 2, 3, 4 años?

En primer lugar, el especialista aclara que el etiquetado frontal de alimentos no lo es todo sino que, como su propia definición dice, actúa en forma complementaria junto con otras fuentes de información.

«El etiquetado frontal con sus sellos, pero también la tabla nutricional y la declaración de ingredientes, son tres herramientas importantes para comunicar al público el valor nutricional de los alimentos», sostiene. «El etiquetado es una puerta de entrada, pero siempre hay que tener presente que la tabla nutricional y el listado de ingredientes deben complementar la información para verdaderamente caracterizar los alimentos en su valor nutricional», agrega.

En segundo lugar, Britos habla de los «nutrientes beneficiosos» y los «potencialmente dañinos» o «anti-nutrientes». Es decir, el concepto de alimento nutritivo no se limita solo a la presencia elementos potencialmente dañinos, sino que tiene que ver también con la presencia de nutrientes que hacen al balance entre nutrientes beneficiosos y dañinos.
Y en este punto habla de la calidad de la dieta de la población argentina. Los alimentos de mejor calidad nutricional aparecen siempre por debajo de lo recomendado, señala; mientras que otros como las bebidas azucaradas, las galletitas y los fiambres, se consumen en exceso.

«Tenemos mucho por hacer en materia de mejoramiento del patrón alimentario en la población argentina, pero claramente lo que es más necesario es aumentar drásticamente el consumo de los alimentos frescos, cuyo consumo está muy por debajo de las recomendaciones; y disminuir el consumo de alimentos con base en harinas muy refinadas, las carnes rojas, y en partículas las bebidas azucaradas».

Por último, habla de los objetivos a los que apunta esta norma. Entre otras cosas, menciona la importancia de que el consumidor se detenga a leer y comprenda la información nutricional de los alimentos que elige, que haya disponibles otras opciones de reemplazo de aquellos productos no tan buenos por otros superiores, y el hábito de hacer de esto algo perdurable. Este conjunto de acciones debería permitir que, de acá a 4 años, la herramienta pueda ser evaluada respecto a su impacto y en qué medida contribuye a modificar la calidad de la dieta de la población.

Al momento, señala, “las carnes procesadas, las bebidas azucaradas, las galletitas y otros productos sólidos de consumo ocasional fueron los más impactados. Pero otros alimentos como el yogur, pescados y vegetales envasados, cereales y panes integrales con buen perfil nutricional, también alcanzados por la implementación de octógonos, seguramente también sufran algún tipo de impacto», concluye.

Otra cuestión importante tiene que ver con los desafíos para la industria alimentaria para poder reformular sus productos. Sobre esto habló Dana Watson, Doctora de la UBA, Magister en Tecnología de los Alimentos por la Universitá di Parma y Docente Investigadora en la UBA.

Reemplazar la sacarosa, el cloruro de sodio, las grasas totales y las grasas saturadas en los productos alimenticios es un desafío importante para la industria. Se trata de ingredientes que se utilizan comúnmente en muchos alimentos, pero su consumo excesivo puede estar relacionado con problemas de salud.

Por dar algunos ejemplos, la sacarosa o azúcar de mesa se utiliza ampliamente como endulzante en productos alimenticios debido a su capacidad para mejorar el sabor. Reemplazarla con alternativas más saludables puede ser complicado ya que otro ingrediente va a tener otros perfiles de sabor y propiedades físicas. El cloruro de sodio, o sal común, que se utiliza como potenciador del sabor y conservante, puede contribuir a la hipertensión y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Reemplazarlo por alternativas bajas en sodio es un desafío, ya que la sal tiene propiedades únicas que mejoran el sabor de los alimentos; lograr el mismo efecto de realce del sabor sin comprometer el perfil sensorial del producto es una tarea complicada.

Para Watson, la clave está en ir bajando de a poco la concentración de ellos. «Si ustedes alguna vez ingresaron a un espacio o ambiente en el cual había un olor, ya sea agradable o desagradable, notaron que al rato parecía que había desaparecido. Eso no fue así, sino que simplemente el sentido se fue adaptando al estímulo. Esto puede pasar con los olores y con los gustos. Entonces, esta capacidad de adaptación que tiene el sentido del gusto nos sirve también para pensarlo en términos de entrenamiento y de reeducación», explica.

Bajar de a poco la concentración de ese estímulo puede lograr que la aceptabilidad no se vea afectada, lo importante es que sea despacio y sostenido en el tiempo, para que la persona pueda readaptar ese estímulo.

«Si hacemos reducciones bruscas, tanto de lo salado como de lo dulce, va a impactar negativamente en la aceptabilidad del consumidor, pero si trabajamos con las pequeñas reducciones, que se pueden implementar tanto a nivel casero como industrial, los resultados son exitosos y diversos estudios así lo demuestran”, concluye.

Finalmente, Emilia Raimondo, Profesora, Ingeniera Química y Dra. en Ciencias de los Alimentos, compartió algunos ejemplos comparando productos para advertirnos sobre la importancia de no solo mirar los sellos sino toda la información disponible.

Entre ellos mencionó el caso del yogur y las bebidas azucaradas. Como ambos tienen el mismo sello (exceso en azúcares), algunos podrían pensar que comparten perfiles nutricionales similares. Sin embargo, no es así, el yogur ofrece muchos beneficios para la salud, es rico en nutrientes esenciales, contiene bacterias beneficiosas que ayudan a mantener un equilibrio saludable de la flora intestinal, es una excelente fuente de calcio y vitamina D, dos nutrientes esenciales para la salud ósea; y se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

En conclusión, «no va a quedar más remedio que, además de mirar los sellos, leer la tabla nutricional», enfatiza. «Van a tener que comparar productos, van a tener que leer los ingredientes, y van a tener que saber interpretarlos», sostiene; he aquí la importancia de la educación nutricional a los consumidores. «Que tenga sellos es el primer disparador, de ahí en más hay que empezar a leer la tabla y mirar los ingredientes. Y que no tenga sello, tampoco garantiza nada», finaliza.

Fuente: filo.news

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