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miércoles 24 de abril de 2024
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«La mujer vale por ley, la mitad que el hombre»

Una mañana como cualquier otra, me levanto, desayuno, abro mi placard y elijo la ropa más conveniente para la jornada. Después salgo a la calle y voy a donde el día me lleve. Camino por la vereda y tomo el subte. Paso al lado de un policía que ni siquiera me mira, me ignora, no existo.

Mahsa fue con su familia de visita a Teherán. Seguramente el 13 de septiembre de este año se despertó, desayunó, eligió un atuendo entre todo su vestuario de ropa holgada que no debía dejar ver sus curvas ni un pedacito de su piel. También habrá elegido un trozo de tela que debería cubrir toda su cabellera y su cuello y así salió a la calle.

Caminando por la vía pública, alguien sí la observó a ella. La policía “de la moral” la detuvo porque llevaba mal puesto el hiyab. Una parte de su cabello no estaba cubierto por el manto de tela que debe tapar todo lo  que los hombres en nombre del Corán deciden que las mujeres no deben mostrar; según las normas iraníes impuestas desde la instauración de la República Islámica en 1979.

Llevar mal puesto o no llevar el hiyab, significa enfrentarse a multas, detenciones y otros castigos. En el caso de Mahsa, como pena o castigo por su falta, debía ir a la comisaría y allí recibir una hora de “reeducación” para aprender a llevar de forma adecuada el hiyab.

Mahsa fue detenida, la subieron a un patrullero e ingresó a la comisaría con vida; pero horas más tarde fue trasladada al Hospital Kasra con hematomas en la cabeza y en coma.

Tres días después de su ingreso en el hospital, Mahsa falleció.

La policía afirmó que Mahsa sufrió de repente un problema en el corazón y mostró un video donde se ve a una mujer desvanecer y caer entre unas sillas. La familia de la joven insiste en que su salud no fue la causa de su fallecimiento y no reconoce que su hija sea la mujer que se muestra en el video. También denuncia que las autoridades no quisieron entregarle el informe de la autopsia.

Hasta acá, la crónica de una situación que podría haber sucedido en cualquier parte del mundo cuando a la policía “se le va la mano”.

Como mujeres occidentales desconocemos en nuestro cotidiano la causa y la penalización del incumplimiento de la norma que lleva todos los días a cientos de mujeres que viven bajo el régimen musulmán a cumplir diferentes tipos restricciones, imposiciones, so pena de multas o condenas. Pero no nos resulta ajena la forma en que la policía y otras fuerzas de autoridad reprimen y esconden sus formas de ejercer violencia.

La palabra hiyab es una palabra árabe, cuyo significado es “cobertura”. ¿Y por qué las mujeres deben estar cubiertas según la interpretación de los hombres? Y digo de los hombres, porque el Corán no dice que las mujeres deban estar cubiertas, sí dice que vistan decentemente, “con modestia, decencia y con pudor a la hora de mostrar públicamente su cuerpo”.

Y decentemente para los varones musulmanes, significa “no me muestres nada que pueda tentarme, porque la carne es débil”. Si una mujer deja su cabello al descubierto, muestra sus curvas o se maquilla, está provocando a los hombres y éstos no responden a “su naturaleza de macho”. Por eso, cúbranse, tápense todo lo que puedan así no las vemos, así pasan al lado de los hombres como pedazos de telas caminando; pero no tentando.

Un enunciado de los musulmanes varones, es que los hombres occidentales “no cuidan a sus mujeres” y las dejan “casi desnudas”. Y claro, después se quejan de los femicidios, violaciones, pedofilia y otras tantas aberraciones contra las mujeres.

Las niñas iraníes desde los 9 años deben usar el hiyab, pero la realidad es que comienzan a los 7 cuando son escolarizadas; por las dudas.

Las restricciones que sufren las mujeres iraníes son ¿injustas, malvadas y crueles?

Simone de Beauvoir decía que las mujeres somos “el segundo sexo”. Para los hombres iraníes las mujeres son ciudadanas de segunda.

¿Por qué? La mujer vale por ley, la mitad que un hombre.

En la corte, el testimonio de una mujer vale la mitad que la de un hombre, porque dicen que las mujeres son muy emocionales y pueden cambiar rápidamente de opinión, por el mismo motivo, ninguna mujer puede ser jueza.

Un hombre puede tener hasta 4 esposas permanentes (e incontables esposas temporales). Si una mujer tiene una relación extramatrimonial, es condenada a muerte.

Si hablamos de herencia, las mujeres reciben la mitad que los hombres.

Si una mujer quiere viajar debe pedirle permiso a su padre o marido.

El código civil establece que el jefe de familia, siempre es el hombre.

Una mujer iraní puede pedir el divorcio, pero sólo será posible si el marido acepta.

En la vida pública, existe una separación de sexos. Segregación en los colectivos y otros medios de transporte, así como en playas, piletas, celebraciones.

Según el artículo 368 del Código Penal islámico, si las mujeres se muestran en público sin velo, pueden ser condenadas a una pena de cárcel que puede llegar a dos meses. El país está regido por la sharía (o ley islámica), que es el código basado en el Corán.

Si bien el uso obligatorio del hiyab en las mujeres es la norma más visible, regula todos los aspectos de la vida. Desde crimen, política, matrimonio y dieta que una persona debe seguir. Pasando también por el rezo, la economía y la higiene.

Otra de las interpretaciones de los hombres iraníes, en nombre del Corán, es que juntar a hombres y mujeres, sería fomentar la promiscuidad: “a ellas les gusta bailar y enseñar el cabello”. Siguen siendo las mujeres quienes provocan, quienes incitan al deseo mal habido de los hombres.

En uno de los versos o suras del Sagrado Corán, la sura 24:31 An-Nur, se asevera: “[…] y di a las mujeres fieles que extiendan su jumur (sinónimo de hiyab) sobre sus cabezas […]”. Jumur es traducido por velo, mantilla, pañuelo, cortina entre otros. La etimología proviene de la intención de velar, velar por la integridad física de la mujer frente a las miradas provocadoras y adúlteras del sexo masculino.

Hablemos de las protestas.

Luego del fallecimiento de Mahsa, las mujeres y jóvenes iraníes, salieron a la calle a manifestarse por la masacre cometida contra la joven. Se reunieron en las calles, universidades, espacios abiertos, espacios cerrados.

Las protestas que no paran en Irán, tienen que ver con todas las normas arbitrarias a las que se ven sometidas las mujeres. Las mujeres y el feminismo musulmán están reclamando otras formas de vida.

Mujeres cansadas, valientes, a riesgo de su vida, comenzaron quemando sus velos en las calles. Luego, como un símbolo de desobediencia, tijera en mano, cabellera en la otra, cortaron sus cabellos. Sin cabellera ¿qué deben tapar?

El hiyab sigue “tapando”, tal vez la mugre de la policía. El hiyab sigue tapando “el deseo incontenible del varón”.

Las protestas comenzaron en Teherán y rápidamente se extendieron en muchas comunidades del país.

El gobierno tomó medidas. Decidió ralentizar internet y cortar las redes sociales en horas de la tarde y de la noche. El motivo: controlar que los usuarios no puedan subir los videos de las represiones policiales; que tampoco puedan organizarse para coordinar puntos de encuentro para continuar con las protestas.

Pero esto no frenó a mujeres y jóvenes que siguen saliendo a las calles, enfrentándose a la policía antidisturbios. Entre los lemas, se escucha “muerte al opresor”, “velo opcional” y “ya es suficiente”.  Pero la voz que se alza en todo el país es Jin, Jlyan, Azadi (mujer, vida, libertad).

Si bien las protestas están siendo lideradas por las mujeres, acompañan sectores reformistas de Irán, que abogan por una flexibilización de la naturaleza religiosa del Estado. Irán ha salido a las calles para lograr sus derechos fundamentales y su dignidad humana y el gobierno está respondiendo a esta protesta con balas.

El gobierno no informa sobre heridos ni fallecidos en los enfrentamientos que surgen entre la policía y la ciudadanía; pero la ONG Irán Human Rights, con sede en Oslo, indicó que a pesar de que su investigación se había visto obstaculizada por las restricciones a internet, lleva contabilizadas más de 200 personas muertas desde que comenzaron las protestas.

Mujeres del mundo se han solidarizado con la lucha de las iraníes. Francesas, españolas, estadounidenses y también algunas de nuestro país. A modo simbólico se cortan un mechón de pelo mientras corean “¡Por la libertad!” y un montaje que acompañan con una versión francesa del himno italiano antifascista “Bella Ciao”.

La lucha, más allá del hiyab sí o el hiyab no; debe ser por las libertades. Muchas mujeres religiosas están de acuerdo en usar el hiyab, es más, en la zona del sur de Irán, donde el pueblo profesa la religión de manera más ortodoxa, muchas mujeres eligen usar el “chador”. Es una capa o manto de tela semicircular que cubre todo el cuerpo y solo deja la cara descubierta. No es obligatorio, pero las mujeres lo usan como un símbolo de respeto.

Hace poco leí una nota donde mujeres musulmanas de mediana edad, manifestaban estar de acuerdo con usar el hiyab, incluso algunas lo utilizan adentro de sus casas. Pero el dato curioso, es que también están de acuerdo en que sus hijas jóvenes, adolescentes y niñas, no lo utilicen. Y acá se resume la historia.

Nada de lo que las mujeres musulmanas, en este caso las iraníes, deben cumplir como norma; deben ser frente a una desobediencia, punibles.

La libertad debe regir todos los órdenes de la vida. La mujer no vale la mitad. La mujer vale igual.

Hoy las universidades de Irán están ocupadas por un 62% de mujeres. Aunque no pueden cursar algunas carreras, están limitadas en sus elecciones.

Todas las mujeres del mundo debemos ser reconocidas como sujetos de derecho, se deben respetar y no vulnerar nuestros derechos fundamentales. La igualdad es un camino que comenzó hace unas décadas, en algunos países están más avanzados con respecto a políticas de igualdad, en otras vienen más lentas, pero el sentido es no detenerse jamás.

Mujeres de Irán, no están solas. Estamos lejos, pero también cerca. Y debemos entender que si bien las luchas por nuestros derechos comienzan en casa, ayudar a las vecinas siempre termina favoreciendo el género. Oriente existe. Las mujeres de oriente existen. Sigamos con nuestros reclamos y sumemos los reclamos que a ellas, como a nostras, nos cuestan la vida.

 

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