Recorrer sus calles implica conocer los mágicos senderos de la historia, admirar los paisajes de casitas coloniales que surgen del empedrado, introducirnos en un mundo de dominio religioso, pugnas políticas y leyendas de misterio.
Para construir un listado de las características de Tulumba, abrimos un manual de historia argentina, nos dirigimos a las páginas que describen la época colonial y enumeramos cada una de los ítem que allí se trazan. Y en realidad no basta con esto.
Tulumba es un hermoso pueblo ubicado entre pequeñas sierras que cortan con el paisaje de la llanura norteña, en una de las márgenes de la ruta provincial 16 que une Deán Funes con San José de la Dormida.
Recorrer sus calles implica conocer los mágicos senderos de la historia, admirar los paisajes de casitas coloniales que surgen del empedrado, introducirnos en un mundo de dominio religioso, pugnas políticas y leyendas de misterio. Entre sus rincones, se mantiene en perfecto estado de conservación, la casa de la familia Reynafe, que perteneciente hoy a gentiles manos privadas, puede ser visitada.
Allí, sus actuales dueños comenzarán a brindarnos la historia como quien enseña un magnifico tesoro que debe ser admirado por todos. Surgirán así las anécdotas de los tiempos de la independencia, de la ardua batalla entre Federales y Unitarios, de los trazados tácticos de la familia Reynafe para seguir las instrucciones del rosismo y aniquilar al Tigre de los Llanos, Facundo Quiroga, en la legendaria emboscada de Barranca Yaco.
Recorriendo sus calles que formaron parte del Camino Real al alto Perú, frente al empedrado en plena restauración, se alzará ante nosotros la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario. De descomunal tamaño para su pequeño pueblo, este templo fue construido en 1882 y guarda en su interior el hermoso tabernáculo que perteneciera a la Catedral de la Ciudad e Córdoba.
Exquisita muestra de la mixtura, de la dominación y evangelización de la que formaron parte los pueblos originarios del país, el tabernáculo presenta un refinado y sumamente europeo estilo barroco que paradójicamente fue tallado en madera de cedro, por nuestros aborígenes.Sería un error caer en recursos metafóricos y decir que la historia se presentará ante nuestros ojos, para que podamos entenderla. En Tulumba, las cosas no funcionan así.
La historia no se nos presenta, sino que se mantiene viva en cada uno de sus habitantes, en las anécdotas del temible Santos Pérez que haciendo gala de su poder de criado de los Reynafe sojuzgaba a todo el pueblo, en las procesiones anuales que homenajean a la Virgen y cubren las calles de un misticismo particular, en el rumor religioso de las campanadas que retumban diariamente en todo el pueblo anunciando el ángelus.
Somos nosotros los que nos perdemos en un paisaje que nos remonta siglos atrás. Así nos espera Tulumba, con el murmullo de su arroyo y la amistad de sus pobladores, con sus pintorescos rincones y los fantásticos claroscuros de una pasado que nos acompaña a cada paso.
Distancia a Córdoba 129 Km
Info: Córdoba Turismo
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